Anomia: 6 técnicas para recuperar la capacidad de nombrar
La anomia es la dificultad para encontrar la palabra adecuada al expresarse. La persona refiere que sabe lo que quiere decir pero no consigue activar la palabra correcta. Es un síntoma frecuente tras un ictus con afectación lingüística. Aunque no impide comprender ni pensar, sí dificulta la comunicación diaria y puede generar frustración.
Trabajo logopédico en la anomia
Uno de los métodos más efectivos de rehabilitación son los ejercicios de memoria verbal, en los que el logopeda entrena la evocación de nombres de objetos, personas o acciones mediante claves de significado o de sonido. Entre las estrategias de apoyo se incluyen el uso del sonido inicial, los gestos o los sinónimos, siempre dando el tiempo de espera suficiente hasta que surja la palabra correcta.
Entrenamiento semántico y fonológico
En este proceso se trabaja el significado y los sonidos de las palabras. Se hacen preguntas como “¿para qué sirve?” o “¿con qué empieza?” y se estimula la organización semántica, la frecuencia de uso y la activación fonémica, de modo que la persona reorganice su acceso al léxico.
Aplicación en la vida diaria
El objetivo principal es mejorar la comunicación funcional en situaciones reales como hacer la compra, mantener conversaciones o contar experiencias familiares. No se trata solo de nombrar palabras en consulta, sino de integrar lo trabajado en el día a día.
Factores que influyen en la recuperación
La memoria, la atención, el nivel de lenguaje previo y la experiencia personal son factores determinantes. Lo habitual es que mejoren primero las palabras entrenadas y de uso frecuente, pero con práctica se logra una transferencia de estrategias a otros contextos. El proceso requiere constancia, paciencia y respetar los tiempos de descanso, ya que la rehabilitación tras un daño cerebral exige un enfoque adaptado.
Importancia de la familia y el entorno
El papel de la familia y del cuidador principal es fundamental. Deben dar tiempo para responder, no corregir de forma brusca y ofrecer claves sutiles si la palabra no aparece. Es importante reforzar cualquier intento comunicativo, incluso con gestos o sinónimos, para mantener la confianza y motivación del paciente.
Fomentar la autonomía
El paciente debe participar en tareas cotidianas y ser lo más autónomo posible, nombrando objetos de la cocina, fotos familiares o interviniendo en actividades diarias. Esto ayuda a reducir la ansiedad, normalizar los errores y favorecer una comunicación fluida en su propio estilo.
La anomia se puede rehabilitar. Con paciencia, terapia logopédica, apoyo familiar y práctica constante, se consiguen avances en la comunicación y la autonomía personal.
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