10 Mitos sobre la disfagia que ponen en riesgo la salud: Guía para cuidadores
La disfagia no es solo “tragar mal”. Es una alteración del proceso de deglución que puede afectar a la seguridad, la nutrición y la calidad de vida. Y aunque es un trastorno frecuente, sigue rodeado de falsas creencias que dificultan su detección y tratamiento.
En este artículo aclaramos los principales mitos sobre la disfagia para ayudarte a comprenderla y acompañar mejor a quien la padece.
1. “Si no tose, traga bien”
No todas las aspiraciones provocan tos. Algunas personas con disfagia aspiran sin que el cuerpo lo note, lo que se llama aspiración silente. En estos casos, el alimento o líquido entra en la vía respiratoria sin generar reflejos de defensa, y puede causar infecciones o neumonías repetidas.
- • Consejo profesional: si notas cambios en la voz tras comer, carraspeo frecuente o infecciones respiratorias sin causa clara, acude a tu médico cuanto antes.
- • Si hay sospecha de disfagia consulta con un logopeda especializado.
2. “La disfagia es solo dificultad para tragar”
Tragar es un acto mucho más complejo de lo que parece. Participan más de 30 músculos y varios nervios en perfecta coordinación. Hay una implicación de otras funciones como la respiración y la fonación por lo que cuando algo falla, no solo se altera la deglución, si no también las otras funciones.
3. “Solo les pasa a las personas mayores”
Aunque la edad aumenta el riesgo, la disfagia puede aparecer a cualquier edad: en bebés, jóvenes, adultos tras un ictus o en enfermedades neurológicas como el Parkinson o la ELA. No es cuestión de edad, sino de función neuromuscular.

4. “Con espesar los líquidos se arregla”
Los espesantes son una herramienta útil, pero no universal. Cada persona requiere una textura, volumen y temperatura específicos para deglutir con seguridad. Un líquido mal adaptado puede ser tan peligroso como uno demasiado fluido.
Recuerda: la textura adecuada se determina tras una valoración clínica o videofluoroscopia. Además, en la alimentación hay muchas otras texturas y consistencias; cada alimento tiene unas características reológicas que pueden intervenir en cómo lo comemos. No solo debemos ajustar la consistencia de los líquidos, sino establecer una adaptación individual y concreta para cada persona con disfagia. Un logopeda especializado será de gran ayuda.
5. “Comer despacio evita los atragantamientos”
Ir despacio ayuda, sí, pero no es garantía. Si hay alteración en la fase oral o faríngea, el riesgo de aspiración persiste. Además del ritmo, influyen la postura, el tipo de alimento y la coordinación respiratoria.
Comer es una tarea cognitiva importante, por lo que necesitaremos también un ambiente tranquilo, sin distracciones para mantener la atención y evitar posibles atragantamientos.
6. “Solo afecta a la alimentación”
La disfagia también impacta en lo emocional y social. El miedo a atragantarse puede llevar a aislarse, dejar de compartir comidas o perder peso y ánimo. Por eso, el tratamiento no solo busca tragar mejor, sino recuperar el placer y la confianza al comer.
7. “Si lleva sonda, ya no hay peligro”
Tener una sonda (nasogástrica o PEG) no elimina el riesgo. El paciente puede aspirar saliva o contenido gástrico. Por eso se recomienda seguir estimulando la musculatura orofacial y mantener la higiene bucal, incluso con alimentación enteral.
8. “Atragantarse un poco es normal con la edad”
Los reflejos se vuelven más lentos, pero atragantarse nunca debe verse como algo inevitable. Es un signo de alarma que nos avisa de que debemos realizar una valoración por parte de un profesional. Envejecer no implica dejar de disfrutar de la comida con seguridad.
9. “Si tiene hambre, puede comer lo que quiera”
El apetito no garantiza una deglución segura. La persona puede tener hambre pero carecer de fuerza, control o sensibilidad para ciertos alimentos. Las dietas adaptadas no son una restricción, sino una forma de cuidado y prevención.
10. “Todos los ejercicios son iguales”
Cada disfagia es distinta. Los ejercicios de deglución, las posturas y las estrategias compensatorias se diseñan a medida según la fase afectada, el tono muscular, la coordinación y la capacidad cognitiva del paciente.
Lo que funciona para un paciente puede ser contraproducente para otro. Evita copiar ejercicios de internet sin supervisión profesional. Un logopeda especializado te elaborará un plan de intervención ajustado a tus necesidades y en función de la evaluación y datos médicos, además de adaptar también tu contexto alimenticio a tus necesidades.
En resumen
La disfagia no es un síntoma menor. Es una señal que merece atención, comprensión y acompañamiento. Detectarla a tiempo, respetar las pautas de seguridad y trabajar con un logopeda especializado puede salvar vidas y devolver el placer de comer sin miedo.
Si cuidas a alguien con disfagia, no estás solo. En Clínicas Áurea puedes consultar con un logopeda especializado. No dudes en llamarnos; la intervención adecuada puede ayudar mucho en el transcurso de la enfermedad y mejorar la calidad de vida.
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